J'ai morts en vous

domingo, 25 de abril de 2010 0:41 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios

Mi mente divaga. Son mis manos las que hablan mientras tocan tu cintura, es una extraña mezcla y lo sabes: algo de delicadeza que se confunde con la fuerza de un arrebato.

Así somos, nos despojamos en un breve tiempo, ese en el que cada minuto pareciera que estamos tomando una decisión importante, de vida.

¿Por qué siempre sucede eso? ¿Te lo has preguntado?

Por qué siempre que nos vemos sentimos que estamos por resolver algo que trascenderá nuestra existencia, en breves lapsos en los que incluso no sabemos qué decir.

Pero hoy no quiero pedirte nada, solo quiero que nuestros sentidos, los otros sentidos, hablen por nosotros. Ellos dicen las mejores palabras. Esas que no se encuentran en ningún lado.

A veces odio pensar que todo el tiempo que te he dado ha sido un sueño, sobre todo cuando, como ahora, me embelesa esa intensidad con la que tocas mi alma.

Estás y no estás, y lo onírico se mezcla con la realidad, mientras mis labios recorren espacios nuevos en tu ser y me pierdo en un mundo, tu mundo.

Es tanto mi amor por ti que, irónicamente, quisiera despertar en el acto, antes de desaparecer.

Me pregunto: ¿a dónde me llevas cuando quitas la barrera que hay entre nosotros? Me pregunto (…sí), y me siento perdido, tan confundido, tan fascinado.

Siempre hablamos de la vida, ¿verdad?

¿Y si me acostumbro a vivirla más a tu lado? ¿Cómo he de partir si he perdido mi lugar, si pertenezco a cualquier sitio y a la vez a ninguno que no hayas tocado tú?

Eres el ángel que Dios me ha enviado, la confirmación de un milagro de vida, y yo, yo soy sólo un mortal ahora, distinto a ti. Igual cerraré los ojos, y ahí estarás tú.

Déjame aquí, no quiero morir de tanto amar. O mejor no, quédate, o llévame, o ven conmigo, vámonos. Creo que nací para navegar en ese mar en cuyas olas se halla tu figura.

Hoy no me digas que me adoras, por favor. Ni siquiera con ese otro lenguaje que expresas con tus manos, justo a centímetros de mi corazón.

Una parte de mí toca una puerta, y lo sabes. Escuchas mis latidos, siempre me delatan. Pero no la abras, no sea que se acabe la última cordura en mí.

Entonces tomaría ese cuerpo que me has regalado, y te llevaría conmigo. Hasta el fin.

Estás a punto de invitarme a renacer, y sé que me abandonaré en ti. Entonces las palabras estarán de más. Nada de eso puede escribirse, ni siquiera hay un idioma para eso.

Sólo una palabra, quizá, que se le aproxima: TE AMO. Pero es muy tarde para reflexiones... He muerto en ti...

Dreamworld

jueves, 22 de abril de 2010 23:31 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios
I would be you, you would be me,
We would be one, we would be just fine
The ice caps wouldn't be melting
And neither would I

I would just drive my big old car
And everything would be alright
And energy would just fall down
Right from the sky, yeah

Words would fly right from out of my mind
Out of my mind into your heart, into your life
And everything would sound just right
And no one would stop me from drinking my wine

That's my dreamworld, that's my dreamworld
It's more than a dream
My dreamworld, that's my dreamworld
And I wanna live in my dream, (dream)

For the real world just don't feel right
I wouldn't spend my days searching for
Searching for lost time, yeah hey yee (ooh ooh, dream)
I wouldn't be so damn sensitive, I'd let things go by

No matter what the weather, I'd learn to change
I'd change with the time, yeah, he

And everytime I need a woman, she'd appear right by me
She hold me tight, treat me right
And tell me that everything is gonna be
Is gonna be alright, alright

That's my dreamworld, that's my dreamworld

I would tell Van Gogh that he was loved
There's no need to cry
I would say Marvin Gay
“Your father didn't want you to die” (dream)

There would be no black and white
The world just treat my wife right
We could walk down in Mississipi
And no one would look at us twice, hey

That's my dreamworld, that's my dreamworld
It's more than a dream
That's my dreamworld, that's my dreamworld
And I wanna live in my dream, (dream)

Dreamworld
Robin Thicke.


Foudroyer du Regard

sábado, 17 de abril de 2010 21:31 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios

(Tu) mirada, (luego tu) sonrisa, (-¿recuerdas'- nuestras) manos, (descubro tu) figura, (sentimos -¿es real?- nuestro) apoyo, (la vida es) amor, (amor más allá) una vida, (-¡hay tanto!-) sinceridad, (dentro de mí) fuerza, (en ti) revolución, (ambos -¿es un sueño?-) pasión, (TE AMO) ternunra, (me pierdo) dolor, (en tus labios) regocijo, (puedo) morir, (mañana -¿y mañana?-) renacer, (me llevas) en ti...

sábado, 27 de marzo de 2010 1:13 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios
Domestiqués

Ese olor a trigo... Me gusta dormir con ese olor a trigo

Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día - dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...

- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- Qué significa "domesticar" ?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, qué buscas ?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – Qué significa "domesticar" ?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto ! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas ?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa "domesticar" ?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- Crear lazos ?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...

- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- En otro planeta ?

- Sí.

- Hay cazadores en aquel planeta ?

- No.

- Eso es interesante ! Y gallinas ?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira ! Ves, allá lejos, los campos de trigo ? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste ! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado ! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor... domestícame ! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame !

- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- Qué es un rito ? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- Entonces no ganas nada !

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.



Le Rêve, Le Cauchemar

Son las 5:00 de la mañana, aún puedo escuchar los latidos de mi corazón y la bocanada…esa que siguió al breve sonido que me hizo despertar.
¡Qué raro sueño!
…Estaba en un lugar muy extraño, un mundo en el que las personas se cuidaban unos de otros. La mejor persona –eso es lo interesante- era la de los mejores falsos trucos.
Yo era uno de los trapecistas que se convertía a veces en payaso, y, en otras, en presentador de circo: la idea era dar vueltas, brincar más alto que cualquiera o hacer reír, pero, ¿para qué?
Tras hacerlo una y otra vez (yo nunca ganaba del todo), aún con la victoria el mundo comenzaba a tornarse grisáceo, otras veces rojo y amarillo. Mi rostro (bajo el maquillaje) se llenaba de tristeza, mi cuerpo (bajo el traje) se debilitaba y mi alma (Dios, mi alma) se desvanecía.
Esa imagen difusa de lo que soy me lastimó hasta el fondo, porque esos que me veían (los dueños del circo) no advertían lo que no me cabía, cómo con cada bocanada, con cada amanecer, con cada caricia, me sentía vivo…
Mi ventana está sucia, debería limpiarla. Hace frío (por la hora) pero no me importa.
¿De qué color es el cielo cuando amanece?, es anaranjado, y rojo, y amarillo... y esas las aves que vuelan dispares, ¿qué tamaño tienen?…
Ah, la vida...
Hace unas horas que dejé ese ese sueño, ese gran sueño que tornó en pesadilla. Y hoy estoy feliz, como en mucho tiempo, dentro de esta noche oscura, no me había sentido.
No importa, ahora lo sé, no importa si no se hace reír a la gente, uno está aquí por algo más trascendente.
Como esta lágrima que siento.
Y esa felicidad y tranquilidad que me permite ver cada detalle de ese cielo sin preocupaciones y pensar en todo lo que quiero sentir hoy. Lo que quiero leer, probar y tocar hoy.
Pienso en ti, bella trapecista, en la hora en la que llegarás a ese tu lugar, también pienso en ella, en su charla mientras se ahogaba en un mundo que no era el suyo, y en él, en esa mente brillante que merece más de lo que posee.
Todos despiertan, supongo, algunos tardan 10 años, otros 15, otros lo advierten hasta el último suspiro.
¿Cómo es ese último suspiro? El mío, afortunadamente, fue la bocanada que me dio un respiro más hacia una fría mañana…
…son las 6:00, aún puedo escuchar los latidos de mi corazón y la bocanada...
¿Tú?

lunes, 15 de febrero de 2010 21:30 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios
Bonjour étranger!

A veces me gusta pensar en las casualidades... o mejor aún, en que no hay casualidades.... En las miles de coincidencias que suceden antes de un encuentro, en ese segundo que te pone en un lugar, con una persona...
Este video va dedicado a "esa" casualidad que te invita a creer...
Alguna vez me comentaste que el primer libro que tomaste en tu nueva aventura fue "La Muerte de Ivan Illich" -ese que leímos en voz alta-... Alguna vez te comenté que bajé del metro y te vi, muy sonriente, en un anuncio publicitario... A ambos nos dolió esa "casualidad"...
Alguna vez nos topamos (chocamos) en una puerta, ¿recuerdas? (así nos conocimos)
Te dedico estos segundos.


Rayuela, capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


lunes, 8 de febrero de 2010 18:48 Publicado por Jesús Díaz 0 comentarios
La médecine et de l'espoir

(Imagen. The Sick Child (1907). Edvard Munch)

¿Viene un gran medicamento que puede salvar muchas vidas (o son varios)?

Escuchaba hace unos días en un programa de radio de un nuevo invento de suma importancia en la medicina: se trata de un spray que podría ser aplicado a quienes sufren quemaduras instantes después de haberse producido, su composición haría que las consecuencias sean mínimas y evitaría la muerte (muchas de las muertes por quemaduras se dan a consecuencia de las heridas que además se infectan).
¿Sabían que el promedio de vida de la humanidad (toda la humanidad en su historia) es de 18 años? ¿Se han preguntado qué nos ha hecho vivir ahora hasta más de los 70 años?
Ahora mismo, mientras escribo y ustedes me leen, hay cientos de científicos aportando horas de su vida en algún descubrimiento, y, también hay que decirlo, cientos de miles de personas esperanzadas en esas investigaciones. Personas que ahora mismo lloran en busca de una esperanza, y otras tantas que la encontrarán, que pronto la encontrarán.
Hoy quiero dedicar unas palabras a esa bella disciplina que es la ciencia (en especial la médica) y a quienes fungen como médicos.
Evidentemente los médicos –contrario a lo que muchos parecen creer- no son semidioses, muchos de ellos ni siquiera tienen la mínima cultura general (en mi familia se suele pensar que los médicos son una especie de personas súper estudiadas en casi todos los ámbitos -todavía no sé por qué-, pero no es así). Sin embargo, he tenido la fortuna de conocer a muchos que dedican su vida para dar esperanza a otros (me incluyo entre esos “otros”).
¿Sabrán los médicos lo que significan para los pacientes que tienen enfrente?
Hay un bello cuento escrito por Jorge Luis Borges titulado “El Sur” (1944), no sé si lo han leído. Habla sobre un hombre, llamado Juan Dahlmann, secretario de una biblioteca municipal de Buenos Aires (linda profesión). Un día se golpea la cabeza y debe ser trasladado a una clínica, ahí pasa ocho días esperando la muerte.
El personaje entonces es descrito en un viaje, hacia “el sur”, un viaje épico que concluye en una riña, en la que muere en un duelo a manos de otro hombre. Para Dahlmann es más loable morir en plena lucha que en una clínica (si bien, en realidad muere en la clínica y todo es producto de su imaginación).
Las veces que he tenido la oportunidad de visitar un hospital me ha sugestionado la gente que espera y la que se halla dentro (en alguna habitación), pienso en las miles de conexiones que deben existir entre estas personas, las miles de súplicas, de esperanzas, de despedidas… es como si me encontrase en un campo de batalla, lleno de luchas y esperanzas.
En los velatorios es distinto, ahí sólo hay dolor, o tranquilidad, o ambas. Y muchas veces puedes sentir la paz.
Los nosocomios, en cambio, albergan tantas cosas que suelen ser incómodos. Hay tantos Dahlmann, tantos que preferirían acabar la lucha en un lugar lejano, tantos que la pierden…

“¿Tú no sabes cómo vas a morir, respeta la muerte de los demás?”, me dijo un día una persona cercana, cuando mi padre murió y la respiración no me alcanzaba. Y es cierto...
¿Alguna vez se han preguntado cómo han de morir? ¿en manos de quién han de depositar sus esperanzas?... ¿quién los rescatará de ese trance, quién les dará un minuto más?
Hubo gente que murió por una gripe que hoy puede ser curada con antibióticos, ¿acaso podremos vivir más con un invento que exista cuando seamos viejos y que hoy es imposible de imaginar?

Estoy tomando un curso gratuito on line de la universidad de Yale (se los recomiendo), es sobre psicología. Hay una parte en la que explican la función del cuerpo con respecto al cerebro y, más a fondo, al alma…
No cabe duda que en la literatura (y en la psicología) he encontrado confort a mi alma, hay momentos en que casi no me duele existir y saber que hay tanta belleza en el mundo que deberé dejar ir, hay momentos en que me resigno a eso que aún veo lejano.
… Pero ese cuerpo -cita el profesor de Yale- está infinitamente ligado a mi alma: cuando uno AMA, cuando ingiere alcohol, cuando extraña, cuando llora o tiene frio... cuando este cuerpo (que también soy) llora, cuando se siente mal, mi alma es muy pequeña para comprender tantas cosas. Ahí, para algunos Dios y la ciencia brinda esperanza, los invita a creer.
No hay una disciplina más esperanzadora para el hombre que la medicina (y la ciencia médica).
¿Habrá nacido el que invente la cura de enfermedades crónicas, o cáncer, o VIH…?

HAY QUE SEGUIR CREYENDO…


(A mi hermana, Dra. Jenny Díaz, a mi novia la Dra. América Villaseñor, al Dr. Haroldo Dies y la Dra. Gloria Noriega. A mi abuela Josefina Piña, quien recién perdió su lucha contra el cáncer)